El aceite de girasol saludable y de excelente calidad

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La comercialización de aceites de semilla envasados superó en 2021 a la venta de aceites de oliva envasados, según datos de la Asociación Nacional de Industriales Envasadores y Refinadores de Aceites Comestibles (Anierac).

De hecho, el año pasado salieron al mercado 343,40 millones de litros de aceites vegetales, lo que supone un incremento del 11% (33 millones de litros más que en 2020). Por contra, el aceite de oliva envasado sufrió una caída del 11,3%, con una comercialización de 309,35 millones de litros frente a los 349 millones de litros de 2020.

Entre las salidas de aceites vegetales destacaron las de aceite de girasol (24,82 millones) y de refinado de semillas (casi 4 millones).

Tras este cambio de tendencia hay una razón principal de precio, pues no es nuevo que en una coyuntura económica de crisis, como la actual derivada por la pandemia, y coincidiendo con una escalada de precios altos en las distintas categorías del aceite de oliva (con el virgen extra rozando los cuatro euros el kilo), los consumidores se decanten por aceites más baratos. Pero que sea más barato no significa que el aceite de girasol no tenga sus virtudes, en muchas ocasiones olvidadas o eclipsadas tras las bondades (merecidas) del aceite de oliva.

 

 

Aceite de girasol en un supermercado / Agrónoma

«Hay generaciones que no han oído hablar de aceite de girasol, pues sólo les llega información del aceite de oliva y en sus distintas variedades», señala la investigadora del Instituto de la Grasa (CSIC), María Victoria Ruiz Méndez.

En este sentido, asegura que «el consumidor comienza incluso a distinguir las calidades de aceite de oliva, fruto de las continuas campañas de comunicación en las que se invierte muchísimo dinero, pues el olivar está disfrutando de su mejor momento en cuanto a popularidad en la historia de España».

Sin embargo, «del aceite de girasol nadie habla, siendo un producto de excelente calidad y que tiene un nicho de mercado brutal», sentencia. No en vano, «el aceite de girasol es el tercero a nivel mundial, siendo el aceite alto oleico líder en restauración y uno de los más usado en la producción industrial de alimentos».

Además, a los aceites de girasol, «especialmente al alto oleico, se les han abierto nuevas posibilidades de expansión en el sector de las galletas, bollería y pastelería, así como en la producción de aperitivos, precocinados y snacks, en sustitución del difamado aceite de palma».

La cifra aproximada de negocio del aceite de girasol en España supera los 500 millones de euros con ciertas oscilaciones, ya que el producto, de origen a destino, ha aumentado el precio en los últimos años.

Además, aunque España no es líder mundial en el cultivo del girasol (como sí ocurre con el olivar), «sí es cabeza de lista en la producción de semillas oleaginosas, debido a la calidad de estas semillas, ya que se producen en condiciones de clima seco, razón por la que las grandes multinacionales apuestan por desarrollar esta actividad en territorio español y sobre todo andaluz».

La investigadora del Instituto de la Grasa, María Victoria Ruiz Méndez / CSIC

 

Costumbres culinarias

Ruiz Méndez, doctora en ciencias químicas, atesora treinta años de investigación en aceites. Estudia las alteraciones y modificaciones que sufren los aceites cuando se extraen, cuando se refinan para ser comestibles y cuando se consumen.

Su bagaje investigador le lleva a afirmar que «el consumo de aceites en el mundo se rige por las costumbres culinarias». En España tenemos dos aceites principales: el de oliva y el de girasol. «Durante la década de los 80 y 90 se hizo mucha publicidad para promocionar el de girasol como un aliado en la cocina. Sin embargo, en los medios ya no se publicita este producto y hay un total desconocimiento de sus principales variedades: la convencional, con un mayor contenido en linoleico, y la alto oleico», apunta la investigadora.

El aceite de girasol se obtiene tras la molturación de las pipas. Entre las ventajas del aceite de girasol convencional destaca que es un alimento rico en vitamina E y Omega 6, y tiene un sabor muy suave y dulce.

El aceite de girasol alto oleico proviene de variedades seleccionadas, con un alto contenido de este ácido graso. De hecho, tiene un 80% del ácido graso oleico, que lo hace muy parecido al aceite de oliva. Tolera las altas temperaturas, siendo un aceite más estable, por ejemplo, a los procesos de calentamiento como las frituras.

Por otro lado, existe una oferta de aceite de semillas y de girasol «virgen», sin refinar. Signfica que son aceites de presión, que no están extraídos con disolventes. Sin embargo, «se pueden comprar pero no fabricar en España, pues está prohibido vender aceites de semillas que no estén refinados», aclara María Victoria Ruiz Méndez.

Propiedades saludables

El aceite de girasol es un alimento nutricionalmente saludable y apto para la dieta mediterránea por su equilibrio entre grasas poliinsaturadas y monoinsaturadas, y contiene además compuestos minoritarios de interés nutricional, en particular, Vitamina E y fitoesteroles en alta concentración.

La variedad alto oleico, por su composición rica en este ácido, ayuda a promover la salud de nuestro sistema cardiovascular, como indicó la FDA (Agencia de Alimentos y Medicamentos de Estados Unidos) en 2019. No obstante, como en todos los alimentos grasos, el acento hay que ponerlo en la moderación de su consumo.